Son las cuatro de la madrugada y a Carlos Alcaraz, batido por Ben Shelton en los cuartos de final del US Open, lo envuelve medio centenar de periodistas en uno de los túneles de la Arthur Ashe. Hay carreras y penumbra, una montonera de cabezas y los integrantes de su equipo escuchan desde un discreto segundo plano: su agente, su técnico Samuel López, su hermano Álvaro. El partido ha terminado apenas veinte minutos antes y en la mano del tenista, sin haber pasado todavía por la ducha, quedan restos pegajosos del overgrip —la cinta adhesiva que cubre el mango de la raqueta— y del magnesio. Dos familiares del rival intentan pasar, pero deben rectificar el paso. Y habla el murciano con el cuerpo hecho polvo, pero profundamente satisfecho.
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SEVERO REVÉS EN EL ‘RANKING’
Shelton, el triunfador de la velada, destacó que jugar contra Alcaraz siempre es “divertido” y apuntó al resto como una de las claves — “fui inteligente a la hora de plantearlo”—, así como al empuje final de una grada más bien dividida, que animó en dosis similares a su rival.
“Los cánticos de ‘¡U-S-A!’ me mantuvieron en pie”, afirmó. “Dios me ha bendecido para estar aquí”, agregó el de Atlanta, que había perdido en los tres precedentes entre ambos y que el viernes se enfrentará a su compatriota Frances Tiafoe (12º).
Lo hará Shelton habiendo dado un salto importante en el ranking, como mínimo del noveno al cuarto puesto. Es decir, inmediatamente por detrás de Alcaraz, tercero.
Al no haber podido defender el título, el español perderá una sustanciosa cifra de puntos: 1.600. Ahora mismo posee 5.560, muy alejado tanto de la segunda posición de Alexander Zverev (más de 2.500 por encima) como de Jannik Sinner (casi 6.000). Si Shelton conquista el trofeo, se situaría muy cerca de él.
Ahora, sus planes pasan por participar en el marco amable de la Laver Cup (del 25 al 27 de este mes) y posteriormente, si no se tuerce nada, se desplazará a Asia para jugar en Tokio (de 30 de septiembre al 6 de octubre) y el Masters de Shanghái (del 7 a 18).