Marius Borg Høiby, primogénito de la reina Mette-Marit y fruto de una relación anterior a su matrimonio con el rey Haakon de Noruega, lleva años siendo un quebradero de cabeza para la familia real. En 2024, se conoció su detención después de ser acusado de agredir a su entonces pareja. Dos años y 40 cargos después, fue condenado a cuatro años de prisión el pasado junio por, entre otros, dos delitos de violación. Desde entonces, ha permanecido en el palacio de Skaugum, en arresto domiciliario y con pulsera telemática —así continuará, al menos, cuatro semanas más—. A pesar de poner en jaque a la monarquía, los actos por el fallecimiento del rey Harald V, el pasado 28 de agosto, han confirmado que, pese a no ser su nieto biológico, fue una persona importante para el difunto monarca. Así se demostró el pasado lunes 31 de agosto, cuando fue uno de las ocho personas encargadas de transportar su féretro a la capilla del Palacio Real de Oslo. En cuarta y última fila, se encontraba Marius Borg Høiby, pese a la condena y su condición actual como persona convicta a la espera de su apelación, en una decisión de protocolo que sorprendió a noruegos y al mundo entero.
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