Una vorágine”. Así define Marius Domínguez, vicerrector de Formación Continua y Profesional de la Universidad de Barcelona (UB), el auge de microcredenciales que vivieron las universidades públicas españolas a partir de 2024. La “prioridad estratégica” de la Unión Europea (UE) de crear formaciones cortas, flexibles, de competencias concretas, pensadas para el reciclaje (reskilling) y la mejora de habilidades (upskilling) profesionales había llegado a España acompañada del programa Microcreds, que financiaba el 70% de estos cursos; el 100% en casos de vulnerabilidad. Pero aquella inyección de 50 millones de euros de los fondos Next Generation se gastó el pasado 30 de junio, dejando tras de sí el reto de consolidar y dar continuidad a esta herramienta formativa ya sin las ayudas de la UE.
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Puertas a la apilabilidad
Marius Domínguez (UB) y Manuel Acosta (UNIA) coinciden en que las microcredenciales abren vías a escenarios aún por explorar. Entre todas ellas destacan las de la apilabilidad o modularidad. Quiere decir que estas formaciones cortas tienen la capacidad de acumularse para construir una certificación o titulación superior. Como un curso experto universitario o una especialización. Su implementación ayuda a construir itinerarios más flexibles y personalizados. Cuando el 16 de junio de 2022 el Consejo de la UE adoptó su recomendación relativa a un enfoque europeo de las microcredenciales para el aprendizaje permanente y la empleabilidad, contempló y alentó esta posibilidad. “Están concebidas para ser modulares, de modo que se puedan añadir otras para crear credenciales más amplias”, escribió.
Como recuerda el Consejo, las decisiones de acumular o reunir credenciales corresponden a la organización formadora, con el visto bueno de las autoridades educativas. “Hay que diseñar estos itinerarios con mucha antelación; la apilabilidad no se puede aplicar a posteriori, para garantizar su calidad”, observa Acosta. Admite que a las instituciones de educación superior aún les cuesta abordar este tipo de itinerarios flexibles.
La UOC practica la modularidad no con las microcredenciales, sino con los microgrados (cursos universitarios) y los micromásteres (oferta derivada de másteres). “Desde los inicios nos planteamos la oferta de los programas en módulos más pequeños para facilitar la formación a lo largo de la vida para distintos perfiles”, explica Marta Molins, de la UOC. De esta manera, los estudiantes pueden acumular, combinar y sumar progresivamente para obtener una titulación a su propio ritmo.