Este es uno de los destinos para los que conviene hacer un ejercicio previo y tomar verdadera conciencia de dónde se encuentra. Su ubicación, en el extremo oriental de Canadá más próximo a Europa, no llama la atención sobre el mapa. Sin embargo, la puerta más rápida y práctica para acceder a este remoto lugar es, paradójicamente, la isla de Terranova. Pero esa entrada no se abre todos los días. Apenas tres vuelos semanales conectan la capital provincial con la región de Labrador, siempre que la meteorología conceda una tregua. Hay semanas en las que solo despega uno. Además del billete o el pasaporte, también conviene llevar el carné de conducir. El destino final está a otros 80 kilómetros del lugar donde aterrizaremos, el modesto aeropuerto de Lourdes-de-Blanc-Sablon, que sirve como enlace vital para el vecindario disperso del golfo de San Lorenzo y el este de Labrador.
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