Esta es la idea, es tan simple que vale millones. Nos encontramos en un concierto pop de manual, seis chicas en el escenario, una banda a sus espaldas, vestidos ceñidos, luces estroboscópicas, sonidos de girl band, un poco Spice Girls, un poco dosmildieceros. “Hola, Madrid, hagamos un poco de ruido”; gritos del público; letras con doble (y triple) sentido, sarcasmo, empoderamiento; coreografías hipnóticas. Entonces, el giro. Las seis divas resultan ser Catalina de Aragón, Ana Bolena, Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr, las seis esposas de Enrique VIII, posiblemente el rey más cruel con sus cónyuges de los libros de historia inglesa. Puede que sean las últimas mujeres que uno imaginaría ver reencarnadas en reinas del pop, con estribillos pegadizos sobre entornos tóxicos o la tiranía de un ex literalmente soberano. Pero, por otro lado, quién mejor que ellas para aprovechar el lenguaje feminista del pop actual, para cuestionar cómo la historia enmarca el sufrimiento femenino, para investigar si la lógica patriarcal ha cambiado algo desde los terribles tiempos del absolutismo. La idea vale millones porque, durante casi hora y media, la idea es inagotable.
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