Cada semana parecen mil en Brasil. A menos de 20 días de la primera vuelta de las elecciones, la democracia brasileña se desmorona. En sondeos recientes, el candidato de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, ha superado en número de votos en la segunda vuelta al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva. Como el margen de error suele ser de dos puntos porcentuales, hay un empate técnico, pero Bolsonaro es quien presenta una tendencia al alza en este momento. No obstante, esa sirena de alarma no es lo peor. Lo peor es que la Corte Suprema de Brasil, la institución que frenó parte de las atrocidades de Jair Bolsonaro —padre del actual candidato— cuando era presidente y que más tarde lo enviaría a prisión por intento de golpe de Estado, al igual que ha frenado parte de las atrocidades del actual Congreso, compuesto en su mayoría por depredadores, atraviesa la mayor crisis de su historia. En el centro del colapso hay un banquero, Daniel Vorcaro, investigado por lo que posiblemente pase a la historia como el mayor fraude del sistema financiero de Brasil.
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