Era un miércoles sobre las nueve y media de la noche cuando a Jose le avisaron por teléfono de que su padre se encontraba mal. Jose salió de casa con su pareja hacia la parada de taxi más cercana, junto a la Catedral Nueva de Vitoria. El plan era tomar un taxi, recoger rápido a su padre y de ahí a las Urgencias del hospital de Txagorritxu. Pero en la parada no había ningún taxi. Jose llamó a la centralita y le dijeron que en cuanto se liberara uno, iría para allá. Pasaron cinco minutos y no llegó ninguno. Volvió a llamar y preguntó si iban a tardar mucho. No le dieron una respuesta clara. Preguntó cuántos taxis había en ese momento en Vitoria para saber si buscarse una alternativa. “Eso a usted no le interesa, esa información no le sirve de nada”, le espetó la mujer que atendía en Radio-Taxi. “¿Cómo que no?”, respondió Jose, “no es lo mismo que haya cinco que cincuenta”. No le dieron el dato. “Sospecho que habría tan solo un puñado de taxis y no me lo querían decir”, comenta este ciudadano recordando lo ocurrido. Agobiado, colgó y salió disparado a por su padre. Su pareja se quedó en la parada esperando al taxi para acercarse después donde ellos e ir al hospital si fuera necesario. No lo fue porque Jose llegó donde estaba su padre y decidió acompañarlo a casa. Había pasado media hora y por la parada no había aparecido ningún taxi.
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