La velada resultó tan esperpéntica que la sátira tal vez sea demasiado facilona incluso para este columnista. El jueves la revista sevillana Escaparate, dedicada a sociedad, moda y estilo de vida ―pijerío rico, de fachada o naftalina―, organizó su gala anual. Como este 2026 se celebra el 20º aniversario de una publicación de nicho a tanto la página y dirigida por el relaciones públicas Mario Niebla del Toro, que ha mantenido tratos cómplices con diversas administraciones (populares y socialistas), el encuentro debía ser memorable y la gente bien quiso estar presente, con esmoquin de alquiler incluido, Norma Duval o el presidente de la Junta. No se pagaba por cubierto, contó Carlos Navarro en el Diario de Sevilla, sino que solo se podía cenar por invitación, gracias al patrocinio de empresas privadas y administraciones públicas. A Niebla del Toro los días previos el teléfono le bullía. ¿Quién no querría estar allí? El escenario era excepcional y fastuoso, designado en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: la plaza de la Virgen de los Reyes a los pies de la Giralda y, además, con juego de luces sobre el Palacio Arzobispal porque puede ser mi gran noche. Dicha ubicación, obvio, ha sido motivo de controversia porque, según la ley, no debería utilizarse para actos privados. Pero quienes disfrutaban de la “experiencia duelo de titanes”, como se describía en el menú, poco debía importarles: la privatización del espacio público es lo de menos cuando devoras sin pagar un tartar de solomillo de vaca madurada (con yema curada sobre pan cristal), escuchas un discurso de Manuel Filiberto de Saboya y de fondo suena la banda que interpreta una versión de Soy español de José Manuel Soto: “Soy parrilla y chuletón, soy Sabina y Camarón / Soy olivo, soy viña y cielo”.
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