España

Ay, nuestro Woody…

today5 Ottobre 2026

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Al viejo clarinetista le regalaron las autoridades madrileñas una guitarra y él la tomó en sus manos, medio aburrido, con esa actitud resignada que muestra ante personas que en otros tiempos hubiéramos considerado absolutamente ajenas al mundo del cineasta. Porque Woody era nuestro, y nosotros, hablo de los de entonces, teníamos a Allen por un tipo de izquierdas, por un progre al estilo europeo, tal y como entendíamos que era eso. Nosotros, aún no contemplábamos que hubiera un nosotras, estábamos convencidos de que sus películas reflejaban la sociedad neoyorquina, la de una clase media intelectual, estilosa y con tiempo y dinero para salir a Elaine’s por las noches. Nosotros, menos aún nosotras, jamás percibíamos que el personaje masculino solía tomar la palabra y no la soltaba, y que solo gracias a que la actriz solía ser una mujer de la talla y la gracia de Diane Keaton lograba hacerse visible e icónica. Nosotros, incluidas nosotras, veíamos también como natural que una chiquilla, casi púber, como Mariel Hemingway se enamorara perdidamente del maduro neurótico, y comprendíamos que llorara por tener que volar sola. Nosotros, los de entonces, creíamos ver un mensaje social donde solo brillaba lo romántico. Nosotros no habríamos soportado que se nos dijera que sus películas entroncaban más con las encantadoras comedias de enredo con las que él había crecido, que con un cine comprometido; por creer, creíamos nosotros que el jazz que ilustraba sus historias era una elección intelectual, y eso que él se encargó de explicarnos que era la música que escuchaba en la radio cuando era chico. Pero nosotros amoldamos el personaje a nuestras necesidades históricas. Queríamos que Woody fuera el hombre a la medida de un país, el nuestro, que estaba abriéndose a la democracia y, a pesar de que nos repetía hasta la saciedad que no era un intelectual, así lo considerábamos. Los admiradores son exigentes y ciegos. Hasta sus películas más hondas respondían a lo sentimental, a las inherentes obsesiones humanas, más que a la relación con la sociedad.

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Scritto da: webmaster

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