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Jordi Savall: “Hoy todas las orquestas suenan igual y eso es muy grave”

today11 Ottobre 2026

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Uno llega a la casa de Jordi Sa­vall en Bellaterra, a media hora de Barcelona, como el rehén asustado de una invisible paleta de sonidos. La música es probablemente, de entre las bellas artes, la que mayor capacidad ofrece de evocación y de ensoñación y, por lo tanto, de deformación de la realidad; quieras o no quieras te asalta y eso deforma tu imagen de las cosas, de las personas, fabricando los mismos prejuicios que síndromes de Estocolmo. Así que mientras se aparca el coche en la calle silenciosa y se adivinan las copas de los pinos y se suben las escaleras del chalecito años treinta, retumba en los oídos esa viola de gamba con los ecos de Marin Marais, de Sainte-Colombe y de Lully, y esa voz de Montserrat Figueras (su esposa, fallecida en 2011) susurrando a Monteverdi, y los melancólicos acordes de la banda sonora de Tous les matins du monde, la película de Alain Corneau (Todas las mañanas del mundo, 1991). No el disco por el que empezó todo ni mucho menos, pero sí el que lo catapultó al estrellato en el ámbito de la música antigua y especialmente en el de la interpretación violagambista. El disco que, tras vender cientos de miles de copias por todo el mundo, abrió la puerta a que de pronto un tal Jordi Savall y su viola de gamba parecieran casi Jimi Hendrix y su Fender Stratocaster, popularizando (temporalmente, eso sí) ese instrumento cautivador que, lástima, a muchos no les sugiere más que la banda sonora de un cortejo fúnebre.

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Scritto da: webmaster

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