Hay deportistas que, tras una noche memorable, saltan al estrellato y ya nada vuelve a ser igual. Algo parecido sucedió a la vuelta de verano con la dupla de ejecutivos que forman Juan Pepa y Felipe Morenés. Tras años de una gestión deliberadamente discreta, lejos de los focos, vendían el 75% de Stoneshield, su firma de activos alternativos, al gigante estadounidense Franklin Templeton. Según las estimaciones del mercado, la valoración de la firma podría haber alcanzado los 800 millones de euros, en un momento de especial efervescencia de las compraventas entre las grandes gestoras de capital privado. Tras tomar participaciones en compañías como Meliá, Solaria o Exolum, y acumular 9.000 millones bajo el paraguas de la sociedad, Pepa y Morenés -a la sazón hijo de la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, y del ingeniero agrónomo y financiero Guillermo Morenés- daban el pase a la firma apenas meses después del hito que supuso cerrar su cuarto fondo, el Stoneshield Opportunity Fund IV, que le inyectaba 1.500 millones para inversiones estratégicas y apuntalaba un proyecto con notable recorrido. En plena madurez profesional, con una empresa en su mejor momento, sin llegar a los 50 años Pepa y recién cumplidos los 40 Morenés, ambos daban un paso lateral, eso sí, tras hacer caja. Cuesta pensar que, andando el tiempo, no aprovechen las ventanas de salida que el acuerdo a buen seguro contempla para monetizar el 25% restante y poner su cabeza en aventuras más estimulantes. Desde luego, si no lo estaban ya, el ecosistema financiero madrileño les ha ubicado definitivamente en el escaparate.
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