Fathi, de 19 años, relata con un leve hilo de voz la odisea que le tocó vivir cuando, con 13 y en contra de su familia, fue casada por la fuerza en Somalia. El marido impuesto era un hombre unos 30 años mayor que ella y terrorista de Al Shabab, grupo perteneciente al entramado terrorista de Al Qaeda, que controla importantes zonas de este país del Cuerno de África. Según su testimonio, no participó en entrenamientos ni en actividades militares, pero esta muchacha representa el eslabón más débil de una cadena difícil de romper, la de la participación de menores en conflictos armados. “Yo era muy joven. Crecí en una localidad que controlaban [los terroristas]. Con 13 años vinieron a buscar a mi padre para casarme con el miliciano ”, detalla durante una entrevista en Mogadiscio, la capital de Somalia.
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