Pasear por la exposición André Ricard. Diseño en uso es viajar en el tiempo para recuperar escenas propias de la vida cotidiana, que cada uno recordará a su manera. Es fácil llenarse de ternura con los botes de jabón para la ropa de Norit, los envases con tapón redondo del champú Denenes o los frascos de colonias de Puig, casi imposible no haber tenido alguno en casa. La lista continúa y pasa por varias estancias, ya que la muestra se ha planteado así, como la incursión en un hogar a partir de todos los objetos que salieron de la mente de este diseñador industrial que, a sus 97 años, no deja de cavilar soluciones a pequeños problemas rutinarios. En el DHub, se han reunido hasta el 14 de marzo más de 140 artículos tan variopintos como los antipolillas Orion, la batidora y la exprimidora Moulinex, los enchufes Ibiza, los ceniceros Copenhagen, la lámpara Tatú, la butaca Orma o la antorcha olímpica del 92, resumiendo mucho.
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