Hay lugares donde la tierra tiembla y se transforma ante los ojos del viajero. Los volcanes son destrucción, pero también construyen islas, modelan territorios y crean espectaculares paisajes nuevos. De Estrómboli, en el Mediterráneo, a las tierras en constante ebullición de Islandia, desde los desiertos volcánicos de Isla Reunión hasta los campos de lava en expansión de Hawái, existen destinos donde la actividad volcánica no es un vestigio del pasado, sino una realidad cotidiana que condiciona la vida, el paisaje y también la experiencia del viaje. Caminatas sobre antiguos ríos de lava, cráteres humeantes, mares que hierven al contacto con el magma o pueblos que conviven con la ceniza forman parte de una geografía viva que cambia constantemente.
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