Está en el reverso del caos hiperurbano de Hong Kong, del frenético ritmo al que se multiplican las fachadas futuristas y la vorágine tecnológica de última generación. A escasa distancia de la ciudad que está considerada el Manhattan asiático, hay un rincón que se mantiene tal y como era en sus orígenes este bosque de rascacielos. Un pequeño pueblo de pescadores al que se puede llegar en una combinación de metro y autobús y donde el calendario, más que avanzar en el tiempo, parece aferrarse a la memoria. Tai O se esconde en Lantau, una de las 262 islas que, junto a la península de Kowloon, conforman esta Región Administrativa Especial de China. Es también donde se emplaza el aeropuerto Chek Lap Kok, hub principal de la aerolínea Cathay Pacific, con la que desde hace 10 años llegan los únicos vuelos directos desde Madrid y Barcelona. Una isla que se considera el patio de recreo de la megalópolis por la serenidad que confiere su naturaleza en contraste con la jungla de asfalto.
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