Es abril y el Madrid regresa donde ha estado tantas y tantas veces en las últimas décadas: autodespedido virtualmente de la Liga por sus desatenciones diarias y colgado del madero de la Champions. Sin energía para mantener el pulso competitivo en la rutina doméstica, el Madrid vuelve a agarrarse en mitad del océano al corcho europeo (mañana a las 21.00 recibe al Bayern en la ida de los cuartos), y al recuerdo de aquellos cursos erráticos en Liga, incluso más que este, que los terminó bañando de gloria con cuatro esfuerzos puntuales en la Champions, como en 1998, 2000, 2016 y 2018. Una especie de cábala que hizo creer durante unos años a una parte del Bernabéu que el éxito continental estaba reñido con el nacional. Las últimas dos orejonas, no obstante, llegaron en sendos cursos dominantes en Liga.
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