Entrar en la vivienda-estudio de Joaquim Aubert Puigarnau —Kim por su nombre de guerra— en el Eixample barcelonés es ir a parar a una babilonia multicolor de viñetas, papelotes, libros, cuadros, lápices, pinceles y cachivaches varios. Ahí el retrato de dos putas en un portal del Barrio Chino, al lado una pintura del histórico Café Zurich de plaza de Cataluña, enfrente una cama encajada entre estanterías, al fondo la terracita con vistas a la catedral, la Torre Agbar y el patio de un colegio, al lado el ‘minúsculo’ estudio de trabajo con la mesa inclinada. Y en un recodo… un cartel de la Legión y una carta dedicada desde la cárcel por el teniente coronel Antonio Tejero Molina-quieto-todo-el-mundo (no se alarmen, Tejero, como otros paladines y simpatizantes del fascismo celtibérico, acabó amando a Kim gracias a su personaje-fetiche de Martínez el Facha, parido en las páginas del semanario El Jueves en 1977, los designios del Señor son, ya se sabe, inescrutables). Y, por supuesto, revistas y revistas, y carpetas y carpetas apiladas llenas de las ilustraciones que este barcelonés de 84 años hizo para combativas y transgresoras publicaciones del posfranquismo, de Vibraciones a Por Favor y de Mata Ratos a Rambla, Makoki… y, claro está, El Jueves, de la que fue miembro fundador.
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