Me interesan los márgenes de la historia. También la historia, claro. Colón llegando a Guanahani, pero más aún lo que pensarían el 3 de agosto de 1492 los parroquianos del Puerto de Palos que lo vieron partir sin imaginar el alcance de lo que iba a suceder. O la vida ordinaria en la Alemania alejada de los centros de poder a principios de los años treinta. Lo que cuenta Un pueblo en el Tercer Reich de Julia Boyd. Cómo prever la magnitud de la barbarie que les iba a marcar durante décadas. Tampoco podían sospechar que noventa años después cenaríamos viendo Los secretos sexuales de Hitler —¿qué le pasa a La 2 con el nazismo?—. También la suspicacia de los habitantes del Creciente Fértil cuando algún mesopotámico avispado colocó en vertical un torno de alfarero a ver si así le costaba menos mover el carro y ¡zas!: la rueda. Menuda ocurrencia, barruntarían los lugareños mientras abrevaban cerveza, porque sí, la cerveza es anterior a la rueda. Prioridades.
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