Hay un dicho: “La mentira tiene las patas muy cortas”, lo que significa que las mentiras no tardan en descubrirse, ya que la verdad, al final, se revela. O no, porque puede que mentir sea todo un arte para la persona que lo hace y que nunca sea descubierta. Pero ¿qué ocurre cuando, además, las mentiras provienen de alguien de la familia, como un hermano? “Más que confrontar la situación, suele ser más útil comprender qué función cumple esa mentira, porque el afecto y la mentira no siempre son incompatibles”, explica la doctora Belén Gutiérrez, psiquiatra y psicoterapeuta infantojuvenil. Y es precisamente en el entorno familiar donde mentir cobra un sentido más profundo. “Es donde más suelen aparecer las mentiras defensivas, precisamente porque es el lugar donde más nos jugamos emocionalmente”, explica Gutiérrez. “Cuanto más importante es el vínculo, más miedo puede haber a decepcionar o a perder la imagen que el otro tiene de nosotros”, asegura esta experta.
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