Pasados unos minutos de las 10.00 de la mañana, José Luis Ábalos se ha dirigido a la pequeña mesa desde la que declaran los acusados como durante años se dirigió a la tribuna del Congreso de los Diputados, cargado con carpetas llenas de documentos. Y, durante seis horas y media, ha desplegado papeles, ha exhibido cuadros, ha esgrimido datos y ha tirado de toda su oratoria para presentar una enmienda a la totalidad a la investigación que le ha sentado en el banquillo del Tribunal Supremo por la supuesta trama corrupta en torno al Ministerio de Transportes en los años en los que él estuvo al frente (2018 a 2021). El exdirigente socialista se ha desmarcado una a una de todas las acusaciones, ha rechazado haber recibido dinero u otro tipo de prebendas por parte del empresario Víctor de Aldama y ha atribuido los indicios contra él a malinterpretaciones de la Guardia Civil, a la que acusa de haber tenido “ansiedad” por imputarle y de aplicar un “sesgo permanente” en sus informes. “Me da la sensación de que tengo que estar demostrando las hipótesis”, ha lamentado.
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