Quiero empezar estas breves palabras dedicando el premio Ortega y Gasset que hoy recibo a los más de 300 periodistas nicaragüenses que han sido forzados al destierro por la nueva dictadura familiar que oprime a mi patria. Una tiranía enemiga de la palabra, que ha cercenado el derecho a la libre expresión en el país, donde no existe ya ningún medio de comunicación independiente. Sesenta de esos medios —entre estaciones de televisión, radioemisoras, periódicos, portales de Internet— han sido clausurados, o sus instalaciones confiscadas como ocurrió con el diario La prensa. Mientras tanto, el silencio se extiende sobre Nicaragua mientras el mundo mira hacia otros lados en un tiempo de conflictos e incertidumbres. Silencio y olvido.
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