Cuando tan solo tenía 10 años me diagnosticaron “retraso escolar”. Repetí cuarto de primaria y, ya en el instituto, también tercero de la ESO. Mi única salida para no abandonar los estudios fue entrar en del programa de diversificación curricular. Tras la secundaria, evité el Bachillerato y encadené un grado medio y un grado superior de Formación Profesional. Hoy rompo todos los pronósticos de mi infancia al compartir que me estoy graduando en Español: Lengua y Literatura por la Universidad Complutense de Madrid y que, en unos años, cumpliré mi sueño de ser docente. Por favor, dejemos de estigmatizar a los niños que aprenden a otro ritmo. La diversificación y la FP son vías tan válidas como cualquier otra. Soy la prueba de que un diagnóstico temprano no define el techo de nadie. Por cierto, todo esto ha sido gracias a la educación pública, una vez más.
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