Revisando fotos antiguas, tropecé con una en la que mi padre y mi madre pedalean sobre una bicicleta tándem. No sé si se fabrican todavía. El caso es que allí estaban: dos personas jóvenes, aún sin hijos, avanzando sobre una máquina que exige una rara forma de cooperación. Mi madre ocupaba la mitad de delante, lo que me sorprendió porque la foto era de una época arcaica en la que las mujeres aparecían en posiciones laterales o traseras. En las motos con sidecar, por ejemplo, ellas iban en el sidecar, como equipaje sentimental. Pero en esta imagen no: mi madre pilotaba la nave y mi padre, detrás, pedaleaba al ritmo marcado por su esposa.
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