Marciala celebró su 95 cumpleaños en un apartahotel. El 96, en una residencia. Al 97 no llegó: falleció en 2024. Por eso no ha sido testigo de que empiece a cerrarse la herida abierta en cientos de vecinos de San Fernando de Henares (40.000 habitantes, Madrid) que, como ella, tuvieron que abandonar su casa por culpa de la línea 7B de Metro hace un lustro. Esta semana, como adelantó EL PAÍS, una pareja de afectados ha visto cómo la justicia mejoraba la indemnización de la administración porque el suburbano esté en el origen del derribo de su vivienda. Hasta 30 familias esperan una decisión similar próximamente. Y el alivio que eso proporciona a los afectados tras años de ansiedad, depresión y problemas médicos documentados en un estudio, se ve empañado por una cosa: el recuerdo de quienes como Marciala no han llegado a ver su dolor mínimamente reparado por una compensación mejor.
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