Hasta hace poco, las asistentes a la célebre clase dirigida de los gimnasios llamada GAP (glúteos, abdominales y piernas) eran casi siempre mujeres que se esforzaban por conseguir el trasero de su celebridad favorita a golpe de sentadilla. Mientras, los hombres dominaban la zona de entrenamiento y musculación en la que se trabaja el tren superior con dominadas, flexiones y mancuernas. Parecía que solo ellas ponían especial atención en sus glúteos y piernas. Sin embargo, ahora que los brazos tonificados se han convertido para las mujeres en el nuevo símbolo de estatus (“Deben ser esculpidos, pero no demasiado grandes; poderosos, pero aún femeninos”, matizó Anne Marie Chaker en la revista Time), los hombres prestan atención a las hasta ahora ignoradas nalgas y piernas.
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