La sidra de hielo no está hecha de hielo, sino de lo que primero que se escapa de él: mosto de manzana con una altísima concentración de azúcares propios de la fruta. Esta sidra dulce, todavía desconocida para muchos, tiene su origen en Quebec (Canadá) en la década de los ochenta, cuando comenzaron a experimentar con la fermentación del zumo de manzanas congeladas de forma natural debido a las bajísimas temperaturas durante la recolecta y el prensado. El primer jugo extraído al prensar manzanas congeladas, un método denominado crioextracción, deja atrás los cristales de hielo y mantiene consigo un arsenal de aromas, azúcar y acidez que se someten a un proceso largo y tedioso de fermentación en el que el azúcar se transformará en alcohol hasta alcanzar una graduación del 9 o 10%. El resultado es una bebida pura, compleja e intensa inspirada en los vinos de hielo alemanes, elaborados con uvas vendimiadas bajo cero.
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