Paseando por las salas del CA2M y con un aire de elegante delicadeza casi bloomsburiana que esconde una gran fuerza, Ester Partegàs me habló de su infancia en el negocio familiar: en la Pastisseria Partegàs de La Garriga (Barcelona), donde nació en 1972, jugaba con los embalajes, envoltorios, moldes y cartones del pasillo/almacén que comunicaba el mostrador abierto a la calle y sus idas, venidas y cotilleos con el horno y obrador donde se trabajaba en silencio en una penumbra tibia y aromática. En ese fragante y casi comestible mito fundacional se concentran muchos de los motivos formales y asuntos de su trabajo posterior: las compras y el consumo, la elaboración escondida de los bienes y su presentación brillante, los desechos, envoltorios y envases que pueden reciclarse y tener nuevas vidas, los espacios de transición sin nombre que muchos pasan de largo, pero donde ella arma guaridas y refugios.
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