Frente a una industria cárnica que elabora productos cada vez más procesados, con nitritos y nitratos perjudiciales para nuestra salud, porcentajes de carne muy bajos, embalajes de plástico… la charcutería tradicional es un reducto donde todavía se pueden encontrar alimentos elaborados con mimo y pocos ingredientes. Otra de las cosas que genera la industrialización de nuestra alimentación es la homogeneización. Vayas a donde vayas, puedes encontrarte con los mismos productos, completamente deslocalizados, con el mismo sabor y textura que si los comes en cualquier otro sitio. En cambio, esos embutidos y preparados cárnicos que se elaboran de forma local, nos hablan de las personas que los preparan, de un lugar y un paisaje, de un conocimiento transmitido y de unos sabores particulares.
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