Todavía no son las ocho de la tarde cuando una pareja se detiene frente a la puerta de Caripen (Plaza de la Marina Española, 4, Madrid). Observan el oso rosa, obra del artista dEmo, que custodia la entrada y se preguntan qué es exactamente aquel local. La respuesta llega desde la terraza, donde Frederic Bittar, el cocinero, termina de colocar las mesas: “Un restaurante donde se puede cenar hasta tarde. A las doce, a la una…”, contesta. Pocos minutos después, una mujer mayor sale del portal contiguo y se pone a conversar con él como si se conocieran de toda la vida. La escena resume bastante bien la naturaleza de Caripen, un bistró que para algunos sigue siendo un misterio y para otros forma parte de la biografía del barrio desde hace décadas.
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