Ya ha caído otra serpiente. En su casa del valle agrícola de Benimussa, en Ibiza, Andrés Ribas tiene puestas cinco trampas para cazar culebras y la de la huerta lleva atrapadas 15 en un mes. Este residente en la isla, de 32 años, es bombero, pero al igual que otros voluntarios se ha convertido en trampero en los ratos libres para capturar a esos animales invasores e intentar que no desaparezca una especie única, la lagartija de las Pitiusas (Podarcis pityusensis). “Está plagado de serpientes”, asegura Ribas, mientras sujeta la que acaba de capturar. Este isleño considera esencial que más ciudadanos se unan a esta cacería justa. “De qué me sirve a mí poner trampas si los vecinos no las colocan. Si somos pocos los que lo hacemos, es una batalla perdida”, señala.
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