Imaginemos tres instituciones de educación superior con un desempeño de 100, 90 y 80. Al año siguiente, las tres progresan a 105, 95 y 96, respectivamente. “No es que la segunda no haya mejorado; es que la tercera ha avanzado más”, interpreta Joaquín Aldás, coautor del U-Ranking (listado nacional de universidades de la Fundación BBVA y el Ivie). El investigador defiende que esto es justo lo que está ocurriendo con el rendimiento del sistema español en las grandes clasificaciones internacionales. No obstante, valora cómo está aguantando el tipo frente al empuje chino o las grandes inversiones saudíes para atraer académicos —como premios Nobel— que puntúen directamente en los rankings. A esos envites se le suma la apuesta francesa por fusionar universidades, que de esta forma han incrementado su tamaño y colado a una de ellas —Paris-Saclay— entre las 15 primeras de un listado de referencia como Shanghái (ARWU).
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Índices por materias
El informe Prisue 2025 llama a las universidades a comprender las diferencias entre los distintos índices, para alinear sus estrategias con aquellos más acordes a su perfil. “Los rankings volumétricos, como el Shanghái-ARWU, o los globales, resultan más adecuados para grandes instituciones, mientras que los rankings por materias permiten reflejar mejor el desempeño de universidades con otras características”, aconsejaban los autores. Cuando en marzo se publicó el ranking internacional QS de 2026 por ramas de conocimiento y materias, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) sacó pecho. “Es la primera politécnica española clasificada y consolida su posición entre las mejores universidades del mundo en el área de Ingeniería y Tecnología”, comunicó.
“Donde podemos, aportamos datos específicos; casi todos los índices generan información por materias”, explica Alberto Garrido, vicerrector de Estrategia Académica y Calidad de la UPM. Y cuando la universidad sale bien parada por supuesto difunden. “Miramos los rankings, acumulamos conocimiento y experiencia, reportamos los datos y tratamos de salir lo mejor posible”, concede Garrido, pero “no es una obsesión”, resalta. “La información es demasiado volátil y borrosa como para poder decir, ‘para subir un puesto tengo que hacer esto o lo otro”, agrega. “Nos alegramos, y divulgamos, pero sin ponernos metas de ranking”, concluye el vicerrector.