Vuelve la luz a Wimbledon y con ella, la inspiración de Rafael Jódar, quien regresa a la pista 2 con la lección bien aprendida y embiste con todo: es una apuesta de máximos. En realidad, no le quedaba otra. Por detrás en el marcador tras la suspensión del miércoles debido a la falta de luz natural, el madrileño se afina en la movilidad y envuelve la pelota con esa potencia que arrincona a Pablo Carreño, al que el formato diurno no le sienta igual de bien. El asturiano pierde la lucidez con el saque y finalmente se inclina (3-6, 6-3, 1-6, 6-3 y 6-4) en una escena que recuerda a la de hace un mes en los octavos de Roland Garros; no en la forma, sí en el fondo. Si Jódar activa el turbo y entra en combustión, es difícil pararle incluso en esta novedosa experiencia para él, virgen todavía en la hierba.
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