El color del agua varía entre tonalidades azules y verdes. Baja calmada en remansos, aunque a veces cae con fuerza entre meandros y una generosa catarata. El cauce del río Guadalevín serpentea entre enormes paredes de arenisca, el aroma fresco de las higueras y mucha quietud. El ruido de la ciudad, cien metros más arriba, se desvanece. En silencio impresionan aún más las vistas al Tajo de Ronda, puente que une la parte nueva y la vieja de la elegante localidad malagueña. Levantado en el siglo XVIII, rara vez se había podido ver desde su base, admirarlo desde sus pilares, pero en breve será posible gracias a la construcción de unas pasarelas que atraviesan 800 metros del corazón de la Garganta del Tajo, declarada Monumento Natural en abril de 2019. El Ayuntamiento espera inaugurar la atractiva ruta durante este verano, pero El Viajero ha podido ya recorrer la que será la gran novedad turística local.
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