El Sinsal de la isla de San Simón, en medio de la ría de Vigo, cimenta su fama entre los festivales de música en su cartel secreto, un aforo máximo de 800 asistentes, y la única posibilidad de acceder a él si se hace en barco. Así lleva 16 años, después de que la Xunta, cuando estaba en manos de PSOE y BNG, encargase a sus fundadores dinamizar culturalmente un espacio que se quería rescatar del olvido. San Simón, que fue lazareto y cárcel franquista, fue declarada en septiembre por el Gobierno central Lugar de Memoria Democrática y el festival aspira a seguir celebrándose allí frente a quienes lo cuestionan. “Es un evento tan especial que daría mucha pena perderlo, pero es algo que no está en nuestra mano”, señala Julio Gómez, historiador y fundador de esta cita, quien defiende que “la memoria histórica tiene que ser una oportunidad y no un problema”.
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