La historia se repite. Una falsa promesa de trabajo, una mujer vulnerable que cree que va a ganar dinero para su familia, un ser humano dispuesto a abandonar su casa con la esperanza de prosperar. Y, al llegar, lo que le espera es un pedazo de suelo mugriento en un polígono oscuro a las afueras de Madrid por el que tienen que pagar una cantidad mensual. A esto se exponían decenas de mujeres peruanas engañadas por una mafia con los pocos escrúpulos de obligarlas a alquilar la superficie del polígono Marconi, sitio habitual esclavitud sexual, sobre la que pasear para exponerse a los puteros. Esta organización ha caído tras una investigación de más de un año en la que han intervenido policías y jueces de tres países y que también ha detectado que los criminales exportaban a las mujeres según las necesidades del negocio.
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