El flujo de personas que este viernes ha decidido regresar a Marruecos siguiendo el mismo camino por el que entraron el día anterior a Ceuta ha sido imparable toda la mañana. Hasta 25.000 personas, según el Gobierno, entre marroquíes y africanos de otras nacionalidades, han decidido volver después de pasar una noche de perros durmiendo en las calles, en el monte, en el parque o en el pedestal de las estatuas, muchos sin cenar porque el jueves ya algunas tiendas, restaurantes y bares se negaron a servirlos a ellos mientras los españoles comían las frituras de pescado. La mañana de este viernes ha sido aún más terrible. Ceuta está cerrado a cal y canto: cerrado el mercado, las boutiques, las tiendas de abastecimiento, bares y cafeterías. Cuesta encontrar agua y es imposible hacerse con unos cigarrillos casi en ninguna parte, también las gasolineras han echado la cancela.
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