A simple vista parece uno más de los 422 quioscos que hay en la ciudad de Málaga, verde, sobrio, en plena acera. Pero en cuanto se alza su persiana metálica todo cambia. Donde tradicionalmente hay chucherías, revistas, libros, juguetes o crucigramas, hay una lámina de acero inoxidable troquelada. Sobre una encimera horizontal, una máquina de café. Y, detrás, una cortina verde con luz cenital que es puro teatro. Ahí, como protagonistas de una comedia americana, es fácil ver al argentino Augusto Gigli, el marroquí Fahd Khouttaif o el israelí Maor Band servir bebida caliente a los viandantes. Muchos son vecinos del barrio de El Ejido. Más aún los estudiantes de la cercana Universidad de Málaga, la Escuela Superior y de Arte San Telmo y el Conservatorio Superior de Música, todo a un paso. “Si hay un sitio que podría tener un proyecto así, es este”, subraya Gigli, feliz por el primer aniversario de Kiosquito, donde también realizan presentaciones de fanzines o discos, actuaciones y performances. Ahora trabajan para ofrecer un formato tiny desk de aires malaguitas en sus siete metros cuadrados.
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