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Así se hace el Topolino, el helado que levanta pasiones en Cádiz desde los años 50

today7 Agosto 2026 2

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Es uno de los emblemas de la ciudad de Cádiz. El Topolino forma parte desde los años cincuenta del corazón de la concurrida y elegante calle Ancha, donde, da igual la hora del día o de la noche, siempre hay gente en la puerta del Salón Italiano, también conocido como Los Italianos. La estrella del mostrador es un helado en forma de barquillo o cucurucho coronado por una bola de nata cubierta con una capa de chocolate caliente que, al enfriarse, queda crujiente. Lo saben bien gaditanos y foráneos, que sienten curiosidad por probar este bocado que se sirve en este establecimiento, situado junto a la plaza de San Antonio. En este local, un matrimonio italiano formado por Arturo Campo e Iola Mosena abrió en 1940 su negocio de helados. Habían probado suerte en Madrid, donde llegaron en 1936, procedentes de Forno di Zoldo, al norte de Italia, para montar una heladería en la calle Fuencarral. Poco después estalló la Guerra Civil y tuvieron que cerrar hasta que terminó la contienda en 1939. Para entonces, alguien les había hablado de Cádiz, una pequeña ciudad portuaria del sur de España, de calles estrechas y distancias cortas, y decidieron probar suerte. El negocio madrileño quedó en manos de un familiar. En 1940 abrían un vistoso salón en la calle Ancha, una de las arterias del centro histórico. El local, que ocupaba el antiguo emplazamiento de un banco llamado Los Previsores del Porvenir, contaba con mesas donde los clientes podían degustar los helados. Allí comenzaron ofreciendo seis variedades. Toda una revolución para la época, recuerda el gaditano Joaquín Campo, de 50 años, nieto de los fundadores y gerente del establecimiento.

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