Léon Marchand regresó al lugar donde había sido feliz para descubrir que él ya no era la misma persona, el mismo nadador, la misma potencia juvenil que con 22 años conquistó cuatro campeonatos olímpicos. París tampoco era la misma ciudad que en 2024. El agua de Saint Denis no era el agua de La Défense. El público masivo de los Juegos se había reducido a una multitud familiar de acérrimos entusiastas. Los ministros de la Repúbica ya no le contemplaban desde el palco. El presidente Macron prefirió permanecer en su residencia estival en Bormes-les-Mimosas antes que ir a estrechar su mano heroica, su mano flexible, su muñeca de goma, ese instrumento que por más que afina con técnica de cirujano para cortar el agua y empujarla mejor, no le proporcionó este sábado el agarre necesario para batir el ansiado récord mundial de 200 metros mariposa que persigue desde la pandemia. Marchand se contentó con ganar el primer título individual de su carrera en un Europeo de natación con una marca de 1 minuto 51,72 segundos.
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