Dédalo de callejuelas umbrío a las nueve de la mañana, sábado de tranvías vacíos, barrenderos y estruendo de camiones de la basura en el barrio ya conocido como Little Spain en la Birmingham de los comerciantes. Lo invaden más de un centenar de marchadores que con sus zapatillas, pie tieso, machacan las calles, talón, planta, punta, alternativamente, a 14, 15 y 16 por hora. Cuesta arriba, en rampa, cuesta abajo en tobogán hasta Victoria Square. Suena Gloria en los cerebros y en las emociones dos, tres, cuatro veces a lo largo de la mañana, yi,el, ou, ar, aiei…como quería Paul McGrath, catalán de Barcelona, el primero que pone en marcha la apoteosis de la marcha española. Con estilo –“¡He ganado como Tadej Pogacar!, atacando de lejos”, exclama, ojos claros de raíz escocesa, el fan número uno de Pogacar- suma, a los 24 años, un oro europeo a su bronce mundial de hace un año en Tokio y a la plata de los Europeos de Roma. Y poco después, María Pérez, de 30 años, cosechadora infatigable de metales y victorias, consigue su segundo oro europeo tras el de su debut hace ocho años en Berlín, y también tiene cuatro campeonatos del mundo y un oro y una plata olímpicos.
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