Un porrón al aire que derrama dry martinis, dibujando una parábola perfecta sobre una copa Nick & Nora. La imagen podría ser una invención buñuelesca —ya se sabe la afición del director aragonés por los martinis extremadamente secos y helados— o alguna ida de olla del siempre genial Paolo Sorrentino, pero lo cierto es que es real. Alf del Portillo, un bartender vasco de casi dos metros, sostiene ante nuestros ojos el tradicional recipiente para escanciar líquidos. Antes ha preparado cada dry martini con su punto exacto de dilución: el de vodka se sirve con una graduación alcohólica del 30% y el de ginebra, un poquito más, del 33%. Después los conserva a −20 °C en una de sus neveras. “Tenemos tres porrones. Uno de ginebra, uno de vodka y otro dirty, al que le ponemos una salmuera y viene acompañado con una gilda”, revela Del Portillo, fundador de Quattro Teste (Largo de São Cristóvão 32, Lisboa) junto a su pareja, la italiana Marta Premoli.
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