El verano de 2026 en Francia, sin que haya acabado agosto, pasará ya a la historia como uno de los peores y más mortíferos desde que existen registros. El país contabilizó 1.243 muertos adicionales entre el 3 y el 22 de julio, durante la segunda ola de calor estival, que se suman a los 5.764 decesos registrados del 17 al 30 de junio, en la primera canícula. Esto sitúa el balance provisional en unos 7.300 fallecidos, según informaron este miércoles el Ministerio de Sanidad y la agencia Santé Publique France. Las autoridades advierten que este exceso de mortalidad es por todo tipo de causas y “no se pueden atribuir aún con total seguridad al calor extremo”.
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