Los seres humanos somos, por naturaleza, sociales. Necesitamos la interacción con los demás para desarrollarnos plenamente y, como en todo aprendizaje, lo ideal es que este proceso comience en la primera infancia. Sin embargo, no todos los niños evolucionan al mismo ritmo ni adquieren las mismas habilidades al mismo tiempo. “En el proceso de construir relaciones basadas en el respeto, pueden aparecer en algunos menores conductas negativas que generen conflictos y desencuentros con sus iguales, independientemente de su edad, etnia o cultura”, señala Silvia Fuentes, psicóloga especialista en terapia familiar. “Aunque existen períodos que son especialmente intensos y que generan muchos conflictos y peleas. Por ejemplo, alrededor de los dos años. A esta edad muchos pequeños comienzan a buscar su autodeterminación e independencia”, añade.
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