Vivir en modo supervivencia. Eso es lo que he hecho este último año. Nadie prepara a un opositor para la vuelta al mundo real tras acabar el último examen de un proceso que a veces parecía no tener fin. Disocié tanto en la recta final que todos los días eran lunes. Casi cinco meses de 12 horas de biblioteca día tras día. Y, de la noche a la mañana, me tuve que preguntar: “Y, ahora, ¿qué se supone que tengo que hacer?”. Todo mi círculo cercano me dijo lo mismo: descansa y disfruta el descanso. Pero, ¿cómo le pides que disfrute de descansar a una persona que se centró en una fecha en el calendario y que dejó por un tiempo de lado el resto de su vida y se sentía culpable por tomarse un día sin estudiar? Nadie me habló de la post oposición. De saber volver a disfrutar de la simpleza de la vida. De volver a mis hobbies y a mi gente. De volver a disfrutar de un café al sol, de una cerveza, una película, un libro o un paseo al atardecer. Si me estás leyendo, opositor, permítete bajar la velocidad.
Seguir leyendo