La negociación había sido un éxito. Los sindicalistas y el consejero de Isabel Díaz Ayuso habían logrado entenderse y en breve firmarían el acuerdo para rebajar las horas lectivas de los profesores. Era 2024. A ojos de los educadores, Emilio Viciana, el consejero de Educación, era un hombre de mejor talante que su antecesor, al que tenían por alguien dogmático e intransigente. En cambio, él era un técnico, un hombre cabal de trato muy correcto. “Estábamos contentos. Durante la crisis económica de 2008-2011 se subieron las horas a los profesores y ahora volvíamos al punto inicial”, recuerda una persona involucrada en esas negociaciones. Esas fueron las horas de mayor credibilidad de Viciana como político y como gestor.
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