Este jueves por la tarde alguien llamó al padre de Luisa Girgiana Galvena: sus dos nietas, de 6 y 14 años, estaban en la calle. No podían entrar a su casa, en Valverde de Júcar, un pueblo de Cuenca de algo más de 1.100 habitantes. El yerno de ese hombre había sacado a sus dos hijas y se había encerrado dentro con su madre, con Luisa. El abuelo de las niñas llamó al 112, y desde el 112 arrancaron los avisos. A la Línea 900 de Castilla-La Mancha —el teléfono de esa región para atender a mujeres víctimas de violencia de género y a su entorno—, y a la Guardia Civil y al parque de bomberos de Motilla del Palancar, a unos 40 kilómetros de Valverde. Desde el servicio 900 llamaron una y otra vez al teléfono de Luisa, pero nadie descolgó. Y cuando los bomberos y los agentes consiguieron entrar a la casa, él ya la había asesinado y se había suicidado.
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