Durante la tarde del sábado 5 de septiembre, por la tienda insignia de la firma Paul Smith, en el elegante barrio de Mayfair en Londres, pasaron el director de un museo nacional de Noruega, un arquitecto que tenía entre manos el diseño de un nuevo aeropuerto y varios visitantes más de Atenas, Toronto, Ciudad de México y lugares diversos de Estados Unidos. A todos los atendió un señor alto y espigado, de unos 80 años, elegante en su traje de chaqueta, con estilosas gafas y melena revuelta. Ninguno se enteró de que era el mismísimo Smith, el decano de la moda británica, que en la cumbre de su fama y éxito no se resiste a seguir despachando clientes, como un eterno Saturday boy (así se ha llamado siempre al estudiante de refuerzo que contratan los comercios para la tarde más atareada de la semana) que disfruta con el contacto humano.
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