Donald Trump es un político, no un estratega militar y mucho menos un matemático. Tres días después del ataque conjunto con Israel a Irán, el presidente estadounidense afirmó en su red social que EE UU tiene “munición virtualmente ilimitada” y puede “luchar guerras eternamente”. La realidad es más simple: no hay guerras sin armas y cada nuevo conflicto, como el de Irán, supone un impulso adicional para la defensa en Bolsa, como demuestra la bonanza reciente del sector. Las empresas del ramo, tanto en Europa como en EE UU, han duplicado su valor en los últimos dos años, impulsadas por el rearme europeo tras la invasión rusa de Ucrania, el regreso de Trump a la Casa Blanca y, más recientemente, la amenaza de una invasión estadounidense de Groenlandia en enero.
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