Las monjas del convento toledano de San Antonio de Padua compaginan la elaboración de dulces y helados con la cría, desde hace 30 años, del conejo gigante español. Desde enero están embarcadas en un proyecto junto a la Universidad Complutense de Madrid para evitar la consanguinidad y preservar la pureza de esta especie de gran valor histórico y genético en riesgo de desaparición. Según el Ministerio de Agricultura, en 2024 había 67 hembras reproductoras en pureza en todo el país. Entre las paredes de este convento se encuentra uno de los repositorios más importantes de la especie, con 20 hembras y 16 machos. Al frente, sor Consuelo Peset, una monja albaceteña de raíces valencianas que creció rodeada de estos animales. Cuando se mudó a Toledo, sus padres le trajeron en una de sus visitas dos de los conejos que criaban en el hogar familiar.
Seguir leyendo