En la cámara de llamadas, sudor nervios, técnicas de concentración inútiles, mindfulness para necios, vómitos, Moha Attaoui espera la llamada para sus 800m, la final a la que llega más fuerte que nunca, mirando los 1.500m en la pantalla. Ve ganar a Mariano García y emociona. La dinámica de éxito es eso. Todo es posible. “Vi su masterclass, madre mía, y me he venido muy arriba y he dicho, joder, que barbaridad, tengo que hacer algo así. Pero yo no soy capaz de hacer eso que hace Mariano, correr en cabeza, yo corro desde atrás. Tenemos maneras distintas”, dice el atleta cántabro de cambio atómico, sudor aún en su cara fresca, tan joven, y también ocultamente decepcionada, minutos después de ganar su primera medalla internacional, un bronce, después de rozarla en Mundiales al aire libre y Juegos en la distancia, junto al 1.500m, de los dioses del estadio, de Peter Snell, Herb Elliott, Steve Ovett, Sebastian Coe. “Quería algo más que un bronce. He intentado ganar, pero, bueno, he dicho que no me iba a ir disgustado si ganaba otra medalla”.
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